El buen diseño es anestésico

Colaboración con JM Torres Nadal, Andrés Perea y Alberto Martínez en el Curso de la UEM “EL DISEÑO DE LAS ESPECIES”. A partir de uno de los enunciados que Marck Wigley y Beatriz Colomina han propuesto para el desarrollo de la Bienal de Estambul 2016: “GOOD DESIGN” IS AN ANESTHETIC.

El “buen diseño” entre comillas y enunciado por Colomina y Wigley nos remite al diseño de la posguerra americana donde diseñadores, instituciones y museos se unieron a fabricantes y vendedores para diseñar los objetos y casas necesarios para la “buena vida americana”. Como curadores de la Bienal de Estambul Colomina y Wigley proponen abandonar este paradigma y repensar el diseño.

Una manera de hacerlo sería entender el propio trabajo de diseño como una forma de abrir los modos de producción, las estructuras de poder e identidades imaginadas y reales que están encerradas en el “buen diseño” de forma que todas esos modos, estructuras e identidades puedan ser problematizadas y reconstruidas. Pero, diciendo que ese “buen diseño” es anestésico, Colomina y Wigley hacen también una llamada a los sentidos, pues anestésico es lo que nos hace perder la sensibilidad. No es casualidad que el estudio de Andrés Jaque esté involucrado en el diseño de la bienal pues su trabajo es ejemplar en ambos frentes: la apertura y crítica de los modelos heredados precisamente a través de los sentidos y el disfrute.

En esta reflexión, sin embargo, me gustaría añadir otro frente sugerido por la palabra anestésico. Pues con la pérdida de sensibilidad perdemos también la capacidad de ajustarnos a los estímulos exteriores. O lo que el antropólogo Tim Ingold llamaría la capacidad de sintonizar con el mundo.

Así, las ideas de ajuste y sintonización traen consigo el cambio constante pues, a diferencia de la “buena vida americana” que era por definición estática, el mundo con el que actualmente queremos entrar en sintonía crece, florece, se pudre, muere y nace sin parar un momento. Quizá podamos imaginar un diseño que en lugar de fijar el mundo en un estado concreto deseable sea capaz de evolucionar con él.

También traen consigo lo que Bergson llama el tiempo concreto y cualificado. El que pasamos con las cosas, usándolas, dibujándolas, construyéndolas y manteniéndolas frente a los cambios que inevitablemente experimentan sus materiales. Pues un diseño capaz de sintonizar no es un diseño reversible, que nos puede llevar a la construcción de infinitos momentos presentes, uno detrás de otro y no uno a partir del anterior, y a renunciar a comprometernos con la construcción de un futuro concreto. Es, en cambio, un diseño que amplifica nuestros sentidos y nuestra capacidad de sintonización con las cosas, con las que queremos que formen parte de nuestro entorno necesitamos sintonizar para que florezcan con nosotros, con las que no, necesitamos sintonizar para que se pudran.

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