frente a lo ordinario

Leyendo el interesantístimo escrito de Robin Evans sobre la evolución del espacio doméstico, acerca de cómo la introducción de puertas y pasillos  en las viviendas en el siglo XVI contribuyó a una significativa modificación de la forma de usar el espacio por las personas, encuentro esta reflexión poco antes del final:

Todavía no tenemos el valor para hacer frente a lo ordinario como tal. (…) el creciente número de intentos por sortearlo significa que bien podemos estar acercándonos al límite exterior, no sólo del movimiento moderno en arquitecctura (puesto que difícilmente cabe duda al respecto), sino de una modernidad histórica que se retrotrae hasta la Reforma. Con un decisivo cambio de sensibilidad, entramos en esa fase de la civilización y saldremos de ella con un cambio igual de decisivo.

Parece que todavía no podemos proponer cambios sustanciales en la forma de organizar un espacio doméstico que no respondan a necesidades humanas básicas (aquí se duerme, aquí se come, aquí se…). O que, como el proyecto de Alexander Klein, eviten la relación entre las personas y el espacio que habitan. Y precisamente estos cambios (los fijados para distribuir una vivienda) son los que al funcionar, y vistos con años de perspectiva, parecen naturales y obvios, pero responden a un origen y a un propósito concretos en el momento en el que se fijaron. Pues sabemos que, como dice De Landa, son sólo una de las posibles formas de cristalizar que tiene la construcción de un entorno doméstico.

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Según Habraken, (1998:6), para poder comprender y trabajar con estas distribuciones domésticas ya construidas y “obvias”, tenemos que articularlas, es decir, reconocerlas y ver las relaciones que mantienen entre sí, por ejemplo, por qué un pasillo puede ser útil o no según el tipo de vivienda)

Esta cuestión nos interesa en nuestros proyectos de construcción doméstica: la interacción de los cuerpos en/con el espacio, la relación de las cosas y las personas. Y cómo estas relaciones posibilitan la aparición de patrones o formas de medir o crecer basados en la actividad  y no a partir de sistemas de medida abstractos o métodos generales, que “fijan y miden el espacio para ocuparlo” en lugar de corresponder con las actividades que se desarrollan en el propio entorno. (enlace a la I festivala de arquitectura especulativa)

Trabajando lo doméstico como una actividad y no como un lugar es como queremos actualizar los pobres métodos y herramientas con los que hasta ahora nos hemos enfrentado a lo ordinario. (…)

El efecto acumulativo de la arquitectura durante los últimos dos siglos ha sido algo así como una lobotomía general practicada a la sociedad en su conjunto, arrasando enormes áreas de la experiencia social. Cada vez que se emplea más como medida preventiva; un organismo para la paz, la seguridad y la segregación que, por su propia naturaleza, limpia el horizonte de la experiencia –reduciendo la transmisión de sonido, diferenciando los patrones de movimiento, suprimiendo los olores, frenando el vandalismo, reduciendo la acumulación de suciedad, impidiendo la propagación de enfermedades, ocultando las vergüenzas, encerrando la indecencia y aboliendo lo innecesario-, reduciendo deliberadamente la vida cotidiana a un teatro de sombras privado.

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