Moneda, mapa y formas alternativas de estabilización

Según la historia de la moneda que cuenta Stuart Medina, que conocí gracias a los enlaces indianos y su repaso de la Teoría Monetaria Moderna, se utilizaban materiales preciosos como el oro o la plata porque su escasez hacía más difíciles de falsificar las monedas. Su valor sin embargo, era equivalente a lo que el acuñador prometiera pagar por ellas. Eran un vale, un símbolo del reconocimiento de estar en deuda, no dependían del gramaje o tipo de material. Lo que nos lleva a pensar que, cualquiera que tenga el suficiente crédito, esto es, que la gente se fie de él, podría poner una moneda a funcionar por el mundo.

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Dice Medina:

“La idea de que debía haber una correspondencia entre el valor nominal y el facial de la moneda es relativamente moderna y fue algo que tardó mucho en conseguir el estado moderna a costa de grandes dificultades, entre otras la obligación de acumular grandes reservas para poder estabilizar el precio del oro y de la plata y, por ende, el de la moneda. (…) Quizás haya sido el comercio internacional el causante de la convergencia entre valor intrínseco y facial de la moneda. Un extranjero no estaba obligado a pagar impuestos al soberano de otro país y por tanto no habría aceptado el valor facial impuesto por el soberano a sus súbditos. Pero la necesidad de disponer de moneda de plata u oro creaba un problema para aquellos países que carecen de minas de oro o plata. La única forma de conseguir moneda era a través de la exportación de bienes. (…) No sorprende que el mercantilismo fuera una política tan popular en los siglos XVIII y XIX.”

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Me parece muy interesante el paralelo entre la estabilización de la forma de la tierra que estoy estudiando y la estabilización de la moneda a través del uso de materiales escasos. Creo que están muy relacionados y no sólo temporalmente: ambos fomentaron el comercio y están en la base de mundo moderno.

Yo no sé mucho de teoría económica pero voy a hacer un resumen de cómo lo entiendo para que luego se entienda el equivalente en el espacio:

 

En el segundo caso, la moneda basada en materiales preciosos estabilizaba el valor de una deuda más allá de las redes de confianza que los soberanos estaban imponiendo y centralizando en ese momento. Así, intentaba fijar la confianza entre las partes de un acuerdo, es decir el saber que honraremos las deudas adquiridas,  con un valor universal.  Antes eran más diversos y locales y quizá menos “eficientes” ahora serían los materiales escasos en la naturaleza. La escasez funcionaba como contención, como amarres o cuerdas de sujeción: que hubiera poco en circulación aumentaría la sensación de que la “cantidad de valor total” existente en el mundo era “contable” independientemente de la red de confianza a la que te adscribieras, pues era la naturaleza la que lo controlaba. En el Ciclo Barroco de Stephenson vemos que la ciencia de la Ilustración tuvo mucho que ver en el control y definición de los materiales y en desechar las ideas alquímicas por las que se buscaba extraer de ellos algo que fuera más allá de su material, el oro es sólo (Au) y es inmutable, nada de mercurios filosóficos. En lugar de limitarnos a confiar en el crédito del soberano que nos ha tocado, vamos a confiar en el crédito de la naturaleza.

Rápidamente sin embargo, el papel moneda cambia esto. Es una nueva invención que surge de las mismas técnicas para acordar valores. Resurge la asincronía característica de la deuda y empieza a circular mucha más moneda. La asincronía significa simplemente que yo te doy esto ahora y tú ya me lo pagarás, mientras tanto pueden pasar muchas cosas, puedes comerciar, ganar dinero, etc. Por tanto, la moneda no fija el valor de una deuda para siempre, como la ilusión “basada en la naturaleza” nos hace creer. O como lo dice Medina: “El dinero es simplemente un título que nos reconoce un derecho sobre futuros flujos de ingresos”. Lo que significa que, si con trabajo, nuevas tecnologías y demás conseguimos que los flujos sean abundantes en el futuro, lo que parecía una cantidad de valor estable en el tiempo (hay x oro en el mundo y si uno gana otro pierde) se puede convertir en más valor.

 

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En el primer caso, el que está más relacionado con nuestro trabajo, estabilizar la forma de la tierra significaba estabilizar la extensión del mundo: saber cuánto mundo hay, cuántas cosas en él, el lugar que ocupan y dónde están localizadas. Esto se hacía fijando el espacio de la tierra, es decir, geometrizándola a base de redes de triangulación. De nuevo, la naturaleza nos dará la medida universal y neutral y para ello tenemos que amarrarla, hacerla contable.  Una vez conocida su extensión, se toma como base de medida de todas las cosas y se establece el sistema métrico que permite comparar las cosas entre ellas sin pasar por una serie de sistemas diversos y locales basados en la convención impuesta por el gobernador local según sus intereses, el comercio internacional y los pequeños se benefician de esa estabilidad. Así como los intercambios científicos. Ahora la naturaleza es la que impone la medida y, por ello, se toma como universal y estable. Pero desde el principio, para los que establecen el estandar, está claro que esto es una convención. Ya vimos que en la primera gran expedición que se montó para medir la tierra (que combinaba viaje a Laponia y Perú) se confirmó la imposibilidad de tener medidas exactas.

Lo bonito es que, como con la moneda, las propias técnicas usadas para fijar sirven para inventar otros espacios posibles, otras ideas de lo que entendemos por extensión. Así es como en el S.XIX varios matemáticos descubrían nuevos modelos para explicar y medir la extensión que eran mucho más interesantes que las derivadas de la geometría plana de Euclides y el espacio cartesiano en el que Newton funda su “Sistema del Mundo”. El más famoso de ellos es Gauss que, precisamente llevando a cabo unos encargos de mediciones topográficas de algunas zonas de Alemania, hace un descubrimiento “notable”, su Teorema Egregio. Con él plantea que no hace falta, incluso no es posible, medir la extensión de un espacio, de la Tierra, como si nos situáramos fuera de él. Eso es lo que hacía Newton con el espacio cartesiano, fijaba el espacio desde fuera espacial y temporalmente (quien mejor explica esto es Bergson en su libro Evolución Creativa) y eso lo mismo que hacemos cuando fijamos el espacio habitable desde fuera, dándole a la Tierra una forma fija y estable.

Lo que Gauss y luego Riemann encontraron es que tiene mucho más sentido hacerlo como lo haría una hormiga, moviéndonos un poco hacia los lados y haciendo algunas mediciones de la curvatura local. Esto se conoce como variedad y, en sus desarrollos daría pie a las topologías. Esto son conceptos físicos y matemáticos complicados para los no iniciados pero también son muy fáciles de entender con nuestras experiencias cotidianas. Por ejemplo, de una topología hacemos mapas locales que se conectan con mapas de transición, tenemos lo que en geometría y en la vida diaria se llama… ¡atlas!. Y se parece mucho a los mapas situacionistas que ya hemos estudiado. El mapa del metro o los problemas de Euler sobre puentes son otros ejemplos clásicos de representaciones no cartesianas del espacio. Pero también aparecen los espacios geométricos hiperbólicos, elípticos, las variedades y topologías, nudos, trenzas y fractales. El espacio geométrico donde se definía la extensión pasa de ser uno, en la geometría euclidiana, a ser múltiple y de estar cerrado, en la búsqueda cartesiana de un referente externo y fijo en el tiempo, a depender de la experiencia y la materialidad.

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Esto no son curiosidades matemáticas, junto con otros avances llevaron a la curvatura espacio tiempo de la relatividad general de Einstein y, con el a la navegación por satélite o GPS que no funciona con el espacio fijo newtoniano. Este es otro buen ejemplo, solemos entender los mapas que nos muestra el GPS como si nos moviéramos nosotros por un espacio fijo y estable pero, pensándolo sólo un segundo, enseguida vemos que lo que hace el GPS es darnos posiciones relativas que es lo que calculan los satélites.

Más lecturas me llevarán a nuevos ejemplos ideas y formas de verlo. Lo que quiero proponer, continuando con el paralelo de la moneda, es que en ambos casos hay una tensión, por un lado, entre el deseo de buscar un referente “natural” que sustituya las visiones locales, convencionales y diversas por unos estándares fijos y un espacio (monetario, extenso) en el que moverse que sea estable y cerrado y, por otro lado, el deseo de no depender de imposiciones arbitrarias y poder hacer intercambios de conocimientos y productos.

En la economía se ve muy rápidamente que la escasez en la que se basa el estándar del oro trae más problemas de los que soluciona. Mi propuesta es que en el espacio pasa lo mismo, entender el entorno desde el punto de vista “espacial”, desde una extensión finita e universal, es basarnos en la escasez. Nuestra experiencia de movernos por el mundo, pero sobre todo de participar en su transformación, de hacer cosas, nos dice lo contrario. La riqueza del mundo es infinita y, como ocurre en la economía, el espacio de trabajo y las herramientas que nos damos para trabajar en él no deberían reducirla a una cantidad dada. Eso nos atrapa en el espacio de la delimitación de fronteras regionales desde un plano externo o superior, esto es desde una posición supuestamente neutral como la de la cartografía ilustrada; y nos limita, en el urbanismo y la arquitectura, a dedicarnos al trabajo de adjudicación de parcelas o, en sus versiones modernas, a la zonificación y distribución en planta. A contar metros cuadrados habitables y aprovechamientos urbanísticos.

Pero hay algo más, al mostrar el paralelo entre ambas historias quiero también mostrar que esta otra forma de entender el espacio tiene más implicaciones que construir cintas de Möbius o tener en cuenta la experiencia urbana de los habitantes. Eso hay que hacerlo, claro, pero además…

De la misma forma que una revisión de la idea de moneda lleva a la Teoría Económica Moderna a proponer cambios en el sujeto emisor de moneda y sus herramientas, el sujeto “cartografiador” también debería cambiar, necesitamos aprender a hacer mapas de situaciones translocales. Como ya vimos, una vez cortamos el mapa en cartas como hace la geometría topológica, los mapas de transición que unen los pedazos no tienen porqué formar continuos como los entendemos ahora. Las rutas pueden cruzar espacios trans-escalares que dependerán más del tiempo, relativo a cómo nos movemos, que del espacio cartesiano.

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