Plan B

Plan B es una novela inacabada y publicada póstumamente del escritor norteamericano Chester Himes. Al igual que el resto de sus obras de intriga policiaca, está ambientada en Harlem, ofreciendo un nuevo y detallado panorama de las tensiones raciales en este gueto de Manhattan durante los años cincuenta y sesenta y de la variopinta galería de personajes que lo pueblan, aportándole matices casi costumbristas que le han valido el epíteto de “comedia humana” dentro de lo que se ha denominado la Serie Doméstica de Harlem.

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Parece que Chester Himes intuía que no concluiría esta novela (de hecho escribió en una carta a su editor comentándole que se trataba de “una historia policiaca inacabada” y posteriormente publicó otra novela: Un ciego con pistola). El nudo de la trama gira en torno a una violenta revolución organizada de la raza negra contra la raza blanca y para este tipo de argumento es muy difícil encontrar un desenlace apropiado, además de que puede que Himes no pudiera seguir escribiendo debido su deteriorado estado de salud. Pero el hecho de que se encuentre inconclusa no importa para su lectura, ya que cuando se decidieron a publicarla su editor, Michel Fabre, encontró una sinopsis de la sección final. Al ver que había sido escrito en forma de extenso borrador con diálogos elaborados Fabre se dio cuenta de que podía servir adecuadamente como conclusión (…) El escritor Frédéric Vitoux opinaba “que el libro estaba necesariamente abocado a permanecer inconcluso debido a que, en realidad, no podía derivarse ningún desenlace lógico de una lucha racial a tal escala. Señaló de forma irónica que los viajes al fin del mundo no tienen una conclusión real.”

Parece que en esta historia Chester Himes haya querido elevar al máximo el contenido de violencia y de perversión habitual en sus novelas. Se convierte así en una suerte de despedida sangrienta y furiosa de la literatura. El mismo Himes le escribió por carta a John A. Williams: “Acabo de comenzar el libro más salvaje y desafiante de mi serie de Harlem”. Aunque no olvidemos que todo esta furia estaba combinada con una buena dosis de desprecio y humor frente a la violencia, que hacen que la lectura de sus novelas te deje un sabor bastante agradable. 

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Chester Himes nos fascina por muchas razones y en esta novela confluyen algunas de ellas. Si nos ceñimos a las literarias, en primer lugar destacaría una de tipo lingüístico. Y es que en las novelas de Himes una parte de los personajes pertenecen a la comunidad negra que no utiliza el inglés como idioma habitual sino el Black English, un idioma que tuvo su origen en una lengua criolla relacionada con el portugués que hablaban los esclavos negros que llegaron de África y que, tras entrar en contacto con el inglés evolucionó de forma paralela hasta convertirse en un idioma con rasgos propios. Por ello, las traducciones de los libros de Himes suelen ser complicadas y se opta por verter esta lengua a giros propios del inglés “mal hablado”, vulgar, como normalmente ha sido percibido por la “sociedad blanca estadounidense“, dado que normalmente era utilizada por personas que vivían en la pobreza y la marginalidad.

Por otro lado, destacamos la estructura de las novelas detectivescas: las tramas suelen estar fragmentadas y ser multilineales, de manera que las secuencias se interrumpen al final de los capítulos y dan paso a acciones paralelas que finalmente acaban confluyendo. Además es un especialista en la narración de secuencias de acción y las presenta de forma muy vívida a la imaginación del lector. Por ello, no es de extrañar que algunas de sus historias se hayan adaptado al cómic.

También destacaríamos su tono irónico y fresco, crudo y sincero, a la hora de relatar complejas situaciones o comportamientos sociales, a la vez mezclado con una agudeza y precisión descriptivas insólitas en este tipo de novelas. Ahí va un ejemplo:

– No sigáis tratando de cogerlo. Tengo ayuda en camino. No quiero que ninguno más de vosotros salga herido. Limitaos a contenerlo, eso es todo; simplemente no dejéis que escape. Si veis a algún negro intentando salir de esos edificios, disparadle en el acto.

Los agentes oyeron aquella orden y la grabaron en su memoria. Seguían las órdenes al pie de la letra, y no contemplaban ninguna circunstancia atenuante, ningún tipo de comportamiento que atemperase las cosas. Eso era cosa de jueces y jurados. Ellos eran policías, y los policías eran responsables de la ley y el orden; quienes supuestamente habían de detener a los criminales y a los infractores de dicha ley y dicho orden, y dispararles si se resistían o si trataban de escapar. Un policía es un policía, no un trabajador social, un urbanista municipal o un sociólogo. Si los negros vivían en barrios marginales, no era culpa suya; el deben del policía era velar para que obedecieran la ley y respetaran el orden, independientemente de dónde viviesen. Era algo casual que las personas blancas, ricas y educadas que vivían en casas espaciosas, con  muchas habitaciones y bien ventiladas en vecindario limpios, modernos y cuidados fueran más dadas a cumplir la ley y el orden, pero los policías no tenían mucho que hacer en esos barrios.

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Pero también nos encanta Chester Himes por haber decidido hacer realidad su sueño mediterráneo y pasar los últimos años de su vida junto a su esposa Lesley Himes en Moraira, en la costa que tanto nos gusta, comenzado a formar parte de nuestras imaginario del Sureste. En la introducción de este libro, podemos leer:

Himes empezó a escribirlo en Alicante (1969) mientras diseñaba los planos para su nueva casa (…) 4 meses más tarde describía el libro como “la historia más violenta que jamás he intentado crear sobre una rebelión negra organizada, extradamente sangrienta y violenta, como cualquier rebelión de este tipo debe ser”.

Este año puede que haya planes y eventos relacionados con Chester Himes y Moraira. ¡Seguiremos informando!

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