Interfaces híbridas para la acción agregada. Natalie Jeremijenko

En este vídeo, Natalie Jeremijenko habla sobre la oportunidad que ofrecen las nuevas tecnologías para una transformación social desde la “re-inscripción” de lo natural y artificial, enfocado a una mejora de la salud en este caso.

La “Environmental Health Clinic” es una clínica donde los im-pacientes pueden curarse con recetas para mejorar su salud a través de la mejora medioambiental de su entorno, como la transformación de los aparcamientos de emergencias en jardines que eviten el filtrado de aceites y otros contaminantes en el asfalto al agua, paredes de edificios que absorben el carbono gracias a la radiación solar, o limpiadores del CO2 producido por los edificios.

Estas “recetas” recuperan para la actual crisis medioambiental, que es una “crisis de agencia” (¿qué podemos hacer cada uno de nosotros?), la capacidad de respuesta colectiva de los tiempos de los refugios nucleares. Proponen acciones relativamente pequeñas que, agregadas, pueden resolver estos problemas.

Las interfaces que proponen establecen nuevas definiciones para la colaboración con la naturaleza. Un ratón deja de ser una molestia para convertirse en el animal que comparte el ambiente que nos hace enfermar, y en una fuente de información muy valiosa sobre la que hacer experimentos caseros, aliándonos con él. Esta rata, igual que la OncoMouse de la que habla Donna Haraway, es nuestra hermana en el experimento social médico. Las propuestas de ambas investigadoras tienen que ver con la empatía y la redefinición de lo humano. Con las interfaces de investigación diy de Jeremijenko pasamos de la patente genética para laboratorios científicos institucionalizados a laboratorios caseros distribuidos. En ellos la rata vive su vida, paralela a la nuestra, sin estar encarcelada y aislada de otras lo que puede modificar sensiblemente los resultados obtenidos.

Estas experiencias cuestionan también la construcción del conocimiento y proponen nuevos sistemas colectivos. El “robotic geese“, por ejemplo, es parte de un proyecto más amplio OOZ, un zoo abierto donde las interfaces como ese robot, y no las jaulas, son las que permiten acercarse a los animales. Lo más interesante es que no sólo podemos verlos y creer lo que nos cuentan sobre ellos los expertos a través de los paneles informativos. Podemos “hablar” con ellos e interpretar esas conversaciones, que junto a las de otros “visitantes” conforman un nuevo lenguaje humano no mediado por expertos únicamente.

Estas interfaces modifican la percepción de los animales y su entorno como un recurso a explotar o proteger, convirtiéndolos en un agente más de la conversación. Encarnan la importancia de la traducción para el conocimiento científico situado y creo que reproducen al pie de la letra esta frase de Haraway:

“No estamos al cuidado del mundo, solamente vivimos aquí y tratamos de entablar conversaciones no inocentes por medio de nuestros aparatos protésicos, que incluyen nuestras tecnologías de visualización” (pg.343)

Estos laboratorios distribuidos y zoos sin jaulas son un gran referente para aRRs a! a la hora de desarrollar su proyectos más inmateriales que tratan de la construcción de experiencias más que de edificios, y queríamos compartirlo con vosotros.

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