Campo, urbe y espacio del ocio (1)

Editado en 1971, Campo, urbe y espacio del ocio, de Mario Gaviria, constituye un análisis de la configuración del territorio, a través de ejemplos concretos,  propiciada por las transformaciones sociales y económicas, en España durante los años 60 y 70. Aunque debido al tiempo transcurrido desde su publicación se podría pensar que algunos de los planteamientos han sido superados, lo fascinante (y a la vez inquietante) del libro es que muchas de las reflexiones, propuestas y conclusiones en torno al desarrollo urbanístico tienen plena vigencia 50 años después.

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El libro está constituido por un conjunto de artículos de temática diversa (enmarcados dentro del “Seminario de Sociología Urbana y Rural” de Madrid)  pero casi todos ellos situados en la oposicón campo-ciudad y orientados hacia el siguiente criterio: “el análisis del devenir del país y la progresiva configuración del territorio, resultante de las acciones contradictorias“. Las acciones contradictorias se encuentran dentro de un proceso acelerado de transformación del medio rural en urbano y tienen multitud de formatos, desde los chalets en los cotos de caza parcelados hasta las urbanizaciones en la sierra, y cada uno de ellos sus variantes. Por eso nos limitaremos a comentar algunas de los aspectos relacionados con la transformación del medio rural dejando para otros artículos la evolución del espacio del ocio y la forma en que nos hemos aproximado desde nuestras prácticas o investigaciones.

Antes de nada, queremos resaltar un aspecto fundamental del libro y es que muchas de las reflexiones están apoyadas en el conocimiento obtenido a través de la experiencia y, aunque muchos de los ejemplos estén referidos a las urbanizaciones del extrarradio de Madrid, pueden ser aplicables a cualquier desarrollo de la época e incluso a las urbanizaciones periféricas de las ciudades actuales.

La cuestión fundamental, que relaciona los distintos artículos, podría enunciarse así: ¿son las urbanizaciones periféricas un modelo de desarrollo coherente para la conversión de una zona rural en urbana, con las transformaciones sociales que implica? Y si es así ¿a qué necesidad social, personal, etc. responde? ¿Es la evolución de los grupos sociales la que promueve este tipo de construcciones? ¿O es una ideología urbana plegada a la especulación y la publicidad?

Para ir respondiendo a la cuestión, veamos varias de las ramas que confluyen el modelo que llamaremos “urbanización“, o como hace Gaviria, casi al final del libro, “urbanización-parcelación“. Una de ellas es el viario. En el Capítulo 2, referido al modelo de desarrollo y a la infraestructura que lo conecta, leemos:

(pág. 51 y ss.) Una sociedad arcaica con un tipo de actividad preferentemente agrícola adopta una ocupación del espacio que viene condicionada por la proximidad de la residencia rural a los campos circundantes. Ello llevaba consigo la ocupación (a lo largo de la historia) relativamente homogénea del territorio español. (…) Por el contrario, la España urbana, la España industrial, la España turística, corresponden a tipos nuevos y cambiantes de sociedad moderna que tiene un distinto modo de ocupación del espacio polarizado y continuo.

Aquí ya encontramos el primer elemento externo de planeamiento urbano ajeno a las lógicas del medio rural. La infraestructura se plantea como vías rápidas que conectan polos, siendo la urbanización-parcelación un polo sin entidad,  sin tener en cuenta el tránsito o los intercambios propios del medio en que se encuentra.

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La coexistencia entre medio rural y medio urbano, articulada por las vías de comunicación, implica la subordinación de esas vías a unas lógicas de la circulación que continenen: transporte pesado agroindustrial, tractores, cubas, remolques, transporte medio agorindustrial, etc. con la complejidad que estas suponen. Con ello, aparecería distintos tipos de vías, según el transecto estudiado.

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En el Capítulo 3 se muestran algunas pistas sobre las posibilidades urbanísticas del medio rural, atendiendo a sus propias lógicas de desarrollo:

(pág. 82) El proceso de urbanización del medio rural no se produce realmente si no va acompañado de una diversificación de la estructura laboral (aparición de industrias), de una movilidad regional de los habitantes, de un crecimiento de la renta por habitante paralelo al de las ciudades o, finalmente, de una acumulación en regiones exteriores (pueblos turísticos)

Y en el Capítulo 11:

(pág. 255 y ss.) El fenómeno de las urbanizaciones, ¿destruye o no destruye el campo? ¿o acaso lo recrea? Respondemos que sí, lo destruye, lo atomiza, diluye en la propiedad y la construcción. Rompe del todo no sólo el sentido clásico de “campo” sino también el moderno. El campo  para el ciudadano ha sido casi siempre el “monte” y es en éste en donde, en su mayor parte, han obrado las urbanizaciones, de forma que en algunos lugares privilegiados del campo (cercanías y riberas de pantanos, presas y ríos) el campo como objeto común no existe, ha pasado a ser propiedad, se le ha vallado, parcelado, vigilado… y vendido a particulares.

La implantación de modelos urbanos o industriales en el medio rural producen determinadas asimetrías entre las dos lógicas opuestas que actúan sobre el campo. Una de ellas sería, como venimos hablando, los modelos de ocupación del territorio, pero también existen otras como los materiales y técnicas constructivas, los sistemas de riego y su modernización, el modelo de captación energética, los usos invisibles del suelo, etc.

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Entonces, lo que tratamos de hacer es encontrar la correspondencia entre los pobaldores del medio rural y los modelos importados del medio urbano como, por ejemplo, la influencia del pueblo o núcleo rural en la actividad económica del nuevo núcleo “urbano”:

En el pueblo [núcleo rural primitivo] se empiezan a desarrollar una serie de tiendas, llevadas por gente del mismo pueblo, muy extrañas y curiosas. El núcleo moderno no atrae.”

Es por esto que tienen que existir tipologías propias del medio rural, tanto habitacionales, como infraestructurales, productivas, energéticas, etc. (más allá de la vivienda unifamiliar aislada) que aglutinen la desconocida variedad y complejidad de usos y flujos presentes en el campo.

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[Las imágenes recopiladas pertenecen al estudio EL CONTRATO RURAL. Este constituye una nueva figura de planeamiento que, partiendo de presupuestos empíricos y a través de un rastreo de los distintos pobladores del campo de una determinada zona del Sureste, propone la reconstrucción del campo mediante una serie de claúsulas relacionadas con el uso eficiente de recursos (rurales), la cuantificación de los trabajos rurales y creación de paisaje, la innovación en los sistemas constructivos, etc. Los pobladores para el modelo de evolución del campo son híbridos (prototipos compuestos por elementos de distinta naturaleza) que serán evaluados a través de su puesta en carga.
Para comenzar a ver qué características tendrían o no estas tipologías, vamos a partir de la clasificación tipológica negativa que hace Gaviria de lo que no son las urbanizaciones-parcelaciones, realizando apuntes a cada una de ellas:

A) La urbanización-parcelación no es ciudad. Esto queda claro, puesto que no reúne las características de complejidad, de funciones y densidad de población mínimas para que pueda ser considerada como tal.  /// Pero esto no implica desestimar la complejidad existente y trabajar con ella como materia prima.

B) Las urbanizaciones-parcelaciones no son campo rural, ya que, como consecuencia de su actuación e implantación de infraestructuras y servicios, los agricultores han desaparecido prácticamente y el propio paisaje se ha transformado. ///

C) Las urbanizaciones-parcelaciones no son una forma de poblamiento rurbano, entendido en el sentido americano de la palabra, ya que ni reúne las características rurales, ni las características urbanas (…) dada la ausencia de industria y del sector terciario. /// Aún no siendo del tamaño y complejidad de las metrópolis norteamericanas en determinados casos sí que existe una pequeña industria distribuida y abundante aunque dispersa multitud de usos y servicios.

D) Las urbanizaciones-parcelaciones tampoco son montaña o naturaleza en el sentido de espacios poco transformados por el hombre y a accesibles y diponibles libremente a todos los ciudadanos. /// Pero mantienen características naturales más o menos intactas, pues son medios muy resilientes ante grandes fuerzas destructoras.

E) Las urbanizaciones-parcelaciones no pueden considerarse ciudad-jardín, al menos en la tradición de Howard. (…)

F) Las urbanizaciones-parcelaciones no son el equivalente español de las comunidades suburbanas “suburbs” americanos. (…)

G) Las urbanizaciones-parcelaciones no pueden compararse con el “habitat pavillonnaire” francés.

H) Las urbanizaciones-parcelaciones no son una reproducción de lo que históricamente eran las fincas de recreo de la burguesía urbana (…)

I) Las urbanizaciones-parcelaciones y los chalets que en ellas se construyen no pueden compararse a las casas de campo francesas que compran a los agricultores los residentes en las ciudades y que las restauran para pasar el tiempo libre (…)

J) Las urbanizaciones-parcelaciones no son las grandes fincas y cotos de caza de los cortijos andaluces, aunque intenten simularlos (…)

Al presentar lo que no es la urbanización-parcelación, no es una forma de habitar urbana ni rural, no tiene características ni urbanas ni suburbanas,

“sino más bien ex urbanas, en el sentido de que están cerca de la urbe, pero no disfrutan de ella, ni tampoco tienen las características de las comunidades suburbanas (…) Esto es así como consecuencia lógica de la mercancía. El parcelador vende una mercancía llamada tierra, previamente dividida en trozos. La principal consideración y racionalización del negocio consiste en hacer parcelas en número y tamaño tales que puedan producir la máxima rentabilidad sin estudiar lo que eso lleva consigo en cuanto a coste de servicios de infraestructura, dispersión de la población, imposibilidad de dominio del espacio y del suelo por cada comprador de parcela. (…) Todas las demás lógicas sociales se subordinan a ésta.”

En el Capítulo 7, URBANISMO DEL OCIO, se analizan la relación, por un lado, entre el tiempo libre y la forma de emplearlo y, por otro, la contradicción entre los distintos estratos sociales, renta, cantidad de tiempo libre y espacios de calidad para usarlo. Esto conlleva la separación entre el tiempo de ocio y el tiempo de trabajo que se materializa en la separación del espacio del ocio y del espacio del trabajo. Esta separación conlleva un menor aprovechamiento de los recursos rurales a la hora de hacer atractivo este medio para el ocio. Entonces se proponen posibilidades para eliminar esta zonificación de usos y tiempos y combinarlos:

(pág. 141 y ss.) Históricamente los epacios de trabajo servían en parte al recreo y diversión del tiempo libre. Principalmente las calles y las plazas tenían una función laboral, transportar las mercancías y las personas, así como lúdica, espacio en que sucedía la vida cotidiana, juegos, fiestas, procesiones, desfiles, etc.

El Capítulo 8, titulado LA CORRUPCIÓN EN MATERIA DE URBANISMO, merece un post aparte. En él se aborda el tema de la corrupción urbanística atendiendo no sólo a una cuestión moral, sino como “destructora de la calidad del entorno urbano” como productora de ciudades cada vez más incómodas y hostiles. Lo que nos interesa de este apartado es la forma más o menos subrepticia en la que la corrupción se introduce en los intersticios del planeamiento urbano acabando con prácticamente toda posiblidad de innovación o creatividad de la discusión, reflexión o el diseño. En el podrán leer un resumen del proceso, explicado de una forma muy didáctica.

En el Capítulo 10, se apuntan formas de proceder en la zonificiación y urbanización del campo, que nos pueden aportar alguna pista, rescatando el concepto de urbanismo espontáneo y oponiéndolo al de urbanismo estructurante:

(pág. 193 y ss.) El urbanismo espontáneo procedía a modelar el espacio ocupándolo con construcciones a partir de unos criterios mínimos de permitir la accesibiolidad a todas ellas. Cuando el espacio era escaso, como en las ciudades amuralladas medievales, se iban reduciendo los espacios públicos de accesos y superponiendo, por medio de pasajes, pasadizos, escaleras, etc. los usos del suelo. Posteriormente aparece un tipo de urbanismo estructurante, que ya los romanos habían elaborado también, que consistía en la definición de un esquema de accesibilidad a los espacios edificables. (…) En estos casos habría una definición concreta y clara del espacio de circulación, es decir, calles y plazas, éstas últimas articulantes de las calles, de uso público, de propiedad pública y de mantenimiento y conservación pública. Ello daba primeramente un aspecto de fácil continuidad física y visual de la estructura urbana, y además, una clara definición entre espacio público y privado.

Percibir así el planeamiento urbano propicia la discusión entre los propios habitantes acerca de los límites físicos de un edificio en particular y su repercusión en el espacio público. Por lo tanto, es a partir de las relaciones entre los distintos agentes (vecinos, agricultores, técnicos, peluqueros, cerrajeros, albañiles, etc.) que habitan el campo… puede propiciar la aparición del concepto de alineaciones al viario de una forma mucho más precisa que en un documento de planeamiento actual. Y no como ocurre en los Planes Parciales, donde se realiza de forma inversa: en primer lugar se sitúan los bloques o torres de viviendas quedando el resto de espacio como residual, no estructurado, o estructurado sólo para el tráfico rodado. Si la estructuración ha sido pensada para el automóvil, sin tener en cuenta los desplazamientos peatonales, vemos que  “cuando se analizan críticamente la relación entre los itinerarios que siguen los peatones, es decir la estructura real resultante de la construcción del barrio y los antiguos itinerarios de peatones concebidos se aprecia una inmediata diferencia fundamental, una no coincidencia de ambas estructuras (…)“. Es decir, la forma en que se instala la vida urbana tiene su propias formas, generalmente distintas a como se conciben desde el planeamiento. Aunque no confundamos esto con la “participación pública” en la creación del espacio urbano. Consideramos este tipo de reflexiones básicas, y que permitirán poner en marcha estrategias que, con mucho trabajo, pueden aportar reconstrucciones del espacio verdaderamente útiles. y no importa que sea en la ciudad o en el campo, lo importante es mantener “los componentes fundamentales, es decir, la posibilidad de encuentro en la espontaneidad. La creación máxima de vida (…) , es decir la acumulación de acontecimientos y el grado de variedad de éstos (…) debe ser etudiada desde el principio del proyecto.”

Así, para concluir este larguísimo post, leemos en la parte final del libro:

(…) La consideración del mundo rural, es decir, los agricultores y los residentes en las zonas rurales, como guardianes del patrimonio del territorio demográficamente desértico, puede albegar peligros de otro tipo. El más destacado es que continúe la subordinación del campo a la ciudad (…) Una vez más se supedita el espacio rural al espacio urbano (…) ¿Cómo lograr que estos guardianes estén retribuidos en proporción a su esfuerzo y sacrificio? ¿Quién se encarga de esta actividad de conservación vigilancia, etc.?  Hasta ahora, los funcionarios que tenían una función especializada y, en general, poco prestigiada socialmente. Ahora bien, ante una política global de conservación del mundo rural, toda población que perdure con baja densidad en las áreas despobladas se convierte en cultivadora del paisaje, animadora del espacio natural, y como tal ha de ser remunerada por el resto de la sociedad, potenciales usuarios. (…) la idea de entregar los parques regionales al cuidado de los jóvenes rurales de la zona. Se llegaba a proponer que se les entregase en autogestión.

Este planteamiento de gestión del territorio es otra línea de acción (junto a la infraestructura y las tipologías constructivas) que puede aportar innovación en los mecanismos de reconstrucción del medio rural. Trataremos de ir definiendo un poco más las tres líneas a través de proyectos concretos y así obtener datos de la práctica.

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